Mi Extraña Obsesión – Comprar zapatos y comerse el cabello
Rebecca se preocupa por sus zapatos cuando están lejos de ella. Haley se tira del cabello desde hace seis años, pero su recompensa es comerse los folículos.
Rebecca se preocupa por sus zapatos cuando están lejos de ella. Haley se tira del cabello desde hace seis años, pero su recompensa es comerse los folículos.
Dos casos: un chico que trata a su muñeca como a un humano. Come con ella, sale de compras, la viste y está convencido de que ella le da el mismo afecto. También conoceremos a Rachel, adicta a quitarse las costras. Es una adicción que le ocupa hasta dos horas por día.
Maureen usa maquillaje todo el tiempo aunque la haga lucir como un payaso y no le importa qué efectos pueda tener en la salud de su piel. Al contrario que el común de la gente, Barbara ansía morir y pasa más tiempo en el cementerio que entre los vivos.
Josh disfruta del hábito de ingerir vidrio porque atrae la atención de los demás, pero no considera lo malo que es ese hábito para su salud. Candice se somete a procedimientos blanqueadores de la piel sin preocuparse por los riesgos que corre su salud.
Lori duerme con su secador de pelo desde los ocho años. El calor y el sonido son confortantes, pero sabe que puede prenderse fuego. Aun así, ella se niega a dormir sin el secador encendido. Kesha admite que come medio rollo de papel higiénico por día.
Cyntrelle se gana la vida limpiando, pero pasa 8 horas diarias dedicada a esa actividad, lo que no le deja tiempo para tener un empleo o una vida social. La colección de piedras de Belinda la hace poner su vida en peligro en busca de la piedra perfecta.
Cuando el prometido de April la hizo escoger entre los títeres o él, April eligió los títeres. Los títeres la acompañan a todos lados y ella practica con ellos 12 horas al día. Debbie es muy alérgica a los gatos, pero tiene más de 20.
Lauren no puede ni pensar en ir a una fiesta o un evento social sin su traje de piel. Adele come almohadones de sofá desde hace 20 años.
Lauren era adicta a las drogas y el alcohol, pero ahora, es adicta al fisicoculturismo extremo. Y Rhonda, de 24 años, no puede dejar de chuparse el dedo mientras huele un pedazo de una manta de su infancia.